Lord Byron (a su perro):
Aquí reposan los restos de una criatura que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad y tuvo todas las virtudes del hombre y ninguno de sus defectos

martes 14 de junio de 2011

Descanso

Dejó para siempre las pérgolas que planeaban sobre su cabeza de jade, los elefantes naranjas remando desde las estrellas y un mundo que no entendía.
Las ratas andaban en parapente, mientras los sapos disconformes se volcaron a la protesta.
A ellos le llegó la paz. La abominable paz de soledades sin pantuflas, de sábanas infinitas, de barcos desarmados y columpios que se esfuman en el espacio.
En silencio todo se cubrió de esponjas blancas, de babas del diablo, de nubes con forma. Ellos dibujaron angelitos en el piso, y un cuaderno con tapas de papel araña lloró sus silencios, sus años de escuela vencidos, y no pudo encontrarse con cenizas de hojas a la madrugada.
Huyeron con la mente hacia donde habitaban los colores y las notas musicales, perseguido por un recuerdo mal parido; una amenaza acechante, siempre dispuesta a atacar.
El aire entonces se tiñó en rojo sangre. Hubo una ovación que luego se transformó en lluvia de granates. Hasta que por fin todo se aclaró, con una claridad más clara que el aire, más clara aún que la nieve. ¿Eso era acaso el universo?
No les quise preguntar, después de tanto trajín, se merecían un poco de descanso.

*Texto realizado en base a un "cadáver exquisito" del grupo Buenas Noticias.

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