Caminaba distraído por la calle hasta que choqué de frente con una persona mayor. Me levanté de inmediato, y le pedí disculpas.
Dijo: —Mire, no me puedo quedar a esperar. Le regalo mi número.
No llegué a decirle gracias que ya había desparecido.
Había un tumulto en la vereda rodeando a un hombre de galera sobre un estrado:
—Y el ganador es el número 32. ¿Quién tiene el 32?
Gané, por primera vez en mi vida gané algo. El tumulto se dispersó y me acerqué al de galera.
—Se la lleva amigo, la ganó en buena ley.
—¿Qué gané?
—¡No se haga el zonzo! Se sorteaba la muerte y usted es el afortunado.
—Pero…
—Vamos, usted vio el alboroto, hubieran dado cualquier cosa por ganarla. Adiós, disfrútela.
Y bueno, no me quedo otra alternativa que llevármela a casa.
¿Me piden que la describa? Es difícil… Hay veces que se viste de mujer, con curvas y recovecos. Se sienta cruzada de piernas, con gesto impaciente y mejillas de color. No se pinta las uñas, se las muerde hasta que empiezan a sangrarle los dedos, sigue mordiendo, resiste, y luego cae al piso, hasta que no queda nada de sí.
Otras mañanas se despierta convertida en una pelota de tenis, y corretea por la sala hasta que el perro la agarra y la vuelve mil pedazos.
No duerme. Noté que me vigila todo el tiempo, es como una sombra impaciente que me persigue, aun en ausencia del sol.
Traté de escapar, pero la encuentro en los marcos de las puertas, en los cubos de hielo de los whiskys y en los aros de mis amantes; en los avisos fúnebres de las revista del cable y hasta en las marcas de varicela de antaño.
Desde que la tengo en casa, me cuesta conciliar el sueño: se posa en la ventana y dibuja marionetas en el vidrio empañado, despega el empapelado de la pared, hace morisquetas y desaparece.
Tampoco puedo decir que sea muy limpia. Trae agua de los charcos a casa, se embarra, mastica hojas de papel y las pega húmedas en el techo. Se pasea por el jardín y me seca todas las plantas. Desde que llegó tengo más diez macetas libres.
A pesar de todo, gracias a ella me di cuenta de que la convivencia no es lo mío. Arranqué las hojas de la agenda y las tiré por el aire. Por una vez en la vida me importan un carajo los demás. El mundo hace tiempo que se había tornado insoportable.
Trato de no nombrar a nadie con recelo, la muerte no amenaza, actúa. Resultó un bicho bastante expeditivo, y digo bicho, porque a veces se disfraza de cucaracha u hormiga.
Le pregunté varias veces cómo podría deshacerme de ella. Me mintió, la muerte siempre miente; pero cuando habla en serio es de temer.
Así fueron pasando los días. Por suerte me permitió ir a dar clases al colegio secundario, de otro modo no hubiera tenido medios para mantenernos. Es más, me ayudó a ganarme mi cargo como profesor titular.
Todo venía bien, si se puede decir “bien” a no salir de casa salvo para ir al trabajo y al supermercado. Hasta que un día, un maldito día, sintiéndome desdichado me ingenié un plan para sacármela de encima. Tomé un examen sorpresa, consistente en una sola pregunta. Pensé de antemano un desafortunado, siempre hay un chivo expiatorio. Dije antes de empezar con la prueba que quien primero entregara con la respuesta correcta ganaría un premio. En caso de que contestara mal, el siguiente que lo hiciera bien se lo llevaría.
Entregué las hojas con la pregunta, y de inmediato, quien yo esperaba que supiera contestar entregó orgulloso. Miré la respuesta, era la correcta:
PREGUNTA: ¿Cómo le explicaría las reglas del off side en el fútbol a una mujer?
RESPUESTA: Es imposible, las mujeres no entienden el fútbol.
Le dije que para la próxima clase le traería su premio.
Volví a casa, y la veo a la muerte fumando y tomando plomo líquido de una batería usada. Dijo textualmente: —Sos un reverendo hijo de puta, querer deshacerte de mí a traición, hubiera sido más fácil rogarme… Considérense muertos los tres... En breve.
Pregunté quienes tres. Contestó: —Vos, el que contestó bien y el compañero.
Aun sabiendo que todo estaba perdido, volví a la carga con el “¿por qué?”. Si uno va a morirse al menos que le den las razones. Ella fue concluyente, debo admitir: —A vos y al que contestó bien por machistas de mierda. Y al pelotudo del compañero de banco porque se copió.
jueves 15 de septiembre de 2011
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4 Comentarios UniVersales:
¡Me divertí un montón!!
Rebueniisiimoooo
Saludos
Gracias Bea! Me alegro de que te haya gustado! Traté de hacerlo divertido!
Saludos!
este lo leiste en el grupete. Me parece que mostras uno literatura distinta a la de los demás y eso aporta. ¿para cuando un librito?
Jorge!
Gracias por el comentario. El librito, esperemos que pronto, está listo esperando editorial!
Vamos a ver qué depara este fin de año!
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